Folclore

Invitación a la Tarantella

El hombre primitivo expresó sus propios sentimientos ante todo a través del movimiento, por tanto, el bailar tiene orígenes antiquísimos, anteriores a la música y, a lo mejor, incluso al lenguaje.

Con la danza el hombre ha expresado las emociones probadas en presencia de tantos fenómenos naturales: como la vida, la muerte, la alegría, el dolor, el miedo, el coraje y en buena parte el sexo.

La danza erótica, sin embargo, adquirió a continuación significados religiosos por el hecho de que la unión del hombre y de la mujer reproponía simbólicamente algunos fenómenos naturales de puro significado mítico.
Por definición, la danza es una sucesión rítmica de movimientos y posiciones del cuerpo, acompañados, en general, de música, de sonidos obtenidos de instrumentos de percusión o de un simple batir de manos.
Con la llegada de las civilizaciones sedentarias (por sedentarias se entienden las agrícolas, y en particular aquellas en las que hombres y mujeres se preocupaban de la mañana a la noche por arrancar un fruto a la tierra) la danza se convierte en parte de un ceremonial, y encuentra verdaderos cultivadores. En Oriente, y en especial en la India, ésta entra en los ritos religiosos. Para los antiguos romanos no había ceremonia en la que no se exhibieran verdaderas troupes de esclavos danzadores orientales.
Dado el esencial y originario significado erótico de la danza, en Europa, en la Edad Media se prohibió y severos censores eclesiásticos controlaban, en el siglo XVI, en cambio, se produjo un despertar en particular en la Corte de Francia y en las distintas Cortes de los señores de Italia.

Las danzas populares también tengan probablemente su orígen en formas de danzas primitivas, y por ser populares no hay que maravillarse si, como se dice de algún símbolo, se haya perdido la pista. Los cánticos populares, de hecho, a menudo contienen algo de insensato o de extravagante, aun siendo en la actualidad formas vivas de filones artísticos espontáneos de los distintos pueblos; y así fue también para la danza en todas las latitudes.

A este punto habría que decir algo sobre la Tarantella, que en ningún caso hay que considerar como la "Cenicienta" de las danzas populares, es más, todo lo contrario, y tanto es así que quien ha tejido todos los elogios han sido muchos extranjeros ilustres, por ejemplo De Musset. Y en Nápoles gustó tanto que pasó del ámbito popular al nobiliario. "Una danza llena de gracia y de originalidad” la define Madame de Staël, que una vez siguiendo una excepcional ejecución, elogió mucho, afirmando la validez artística, las particulares dotes de una joven danzadora cuyo compañero en esa extraordinaria circunstancia era un príncipe. Cuando la exhibición llegó a su fin, el príncipe se inclinó caballerosamente a los pies de la joven. "Lo mismo habrían querido hacer los jóvenes presentes", concluye Madame de Staël.

Y he aquí otra voz extranjera: "Se tiene el derecho de asombrarse de encontrar en un pueblo de proverbial indolencia, una danza tan viva y briosa".

En cuanto al origen, o del nombre de esta danza, se han dicho y escrito muchas cosas. Hay quien afirma que quien la introdujo en nuestro país fueron los moros y los españoles: un cierto baile de "Sfessania", que era el baile preferido de los napolitanos, parece que sea el progenitor: ".....en el mar, en la playa de Posillipo, cuando no se temía un desembarco de Turcos, ese baile, que a continuación se llamó Tarantella, recogía en parejas amorosas jóvenes con tanto deleite". Muchísimos años después los napolitanos tendrían, en cambio, que esperar con ansiedad en las mismas playas otros danzadores, esta vez en calidad de liberadores: ¡los del boogie woogie!

Hay quien mantiene que "tarantella" se deriva de la ciudad de Taranto y quien que de la Tarantola. Me explico: el desafortunado, mordido por una gran araña, habría encontrado solución a los nefastos efectos del veneno en una gran "sudada", que se procuraba bailando vertiginosamente una danza "terapéutica", que precisamente era la tarantola, luego tarantella.

Hace muchos años, mientras me entretenía con un pescador capriota de más de noventa años, deje caer el tema de la tarantella. Inconscientemente, había tocado una de las cuerdas más sensibles del viejo que de lacónico pasó a mostrarse elocuente. Me dijo que había bailado la tarantella unos sesenta años ya que formaba parte de uno de esos prestigiosos grupos de la isla, de esos grupos que daban puntos a todos los demás del resto de las zonas de Campania y otras. Y era lógico que así fuera, precisaba el viejo pescador, si se considera que la primera tarantella se bailó en suelo cabriota por los griegos que "hace tantos siglos" habían llegado a la isla. Refrescó luego, como si advirtiera mi incredulidad, viejos mitos y leyendas, historias de náufragos y sirenas en las que implicó al propio Ulises.
A distancia de tiempo tenía que convencerme de que la tesis del viejo pescador no era de las más arriesgadas, ya que para instruirme un poco más en la materia me dio algo para leer acerca del origen griego de esta danza y sobre una pretendida prerrogativa capriota.
Todo esto avalado, a lo mejor, por un hecho innegable: los varios grupos folclóricos de la isla tienen un espíritu competitivo que va más allá de la imaginación y bailan la tarantela ortodoxa y particular, es decir, con un estilo exento de ciertos remilgos y de esa clase de manierismo que en otro lugar raramente caracterizan estas exhibiciones demasiado abiertamente "a medida de turista". En otros términos, los capriotas bailan la tarantela por intrínseca pasión y cuando se exhiben, conscientes de hacerlo en el fondo de un escenario de belleza incomparable y ante un gran público, ponen todo su empeño, hasta el estremecimiento. Para concluir, se puede afirmar que la Tarantella es una de las danzas italianas populares más bonitas: que quien la haya introducido en la isla hayan sido los turcos o los apache no importa mucho. Una cosa es cierta: si cada uno de nosotros practicara media hora al día la tarantella, los efectos positivos no tardarían en verificarse en nuestra salud. Las señoras no estarían sujetas a las muchas operaciones de "línea" y reducción, a alimentarse únicamente del filete de carne a la plancha con ensalada sin aceite y sal y media yema de huevo cocido, podrían comer espaguetis hasta la saciedad que “aunque de origen chino” sólo se comen bien en nuestro país. Además no habría personas que sufrieran de artrosis o afecciones de ese tipo, y durante media hora al día en nuestras casas sonarían alegres estrofas de "Cicenerella......" o de "Lu guarracino........." que normalmente acompañan la Tarantella.

Vincenzo Manganiello

Tratto da "Invito alla Tarantella" - edito dall'Azienda Autonoma di Cura Soggiorno e Turismo - Isola di Capri - 1980


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